Apenas y pudo rescatar el brote de una raíz que no sucumbió ante el candor del carisma de otro amoroso. Moría otro ciclo cuando percibió cierta esencia mística y presencia divina, no falto el entendimiento consentido que va del retraimiento que urga en el origen procurando la ausencia del recuerdo. En un entendido de que debia olvidar no dudo en cambiar momentos vividos por magía.
Fue entonces cuando el pasado se divisó lejano liberando a su paso memorias, suspiros y añoranzas. En este proceso del olvido, Luna pasó días recitando sueños e historias de vida, recordando a detalle los tiempos vacios, menguantes y llenos de su ciclo. Se esmeró en encontrar causas. Hubó veces que susurró cantando otras sollozando delante de un espejo de agua. Recitó para sí misma cada suceso, cada encuentro, cada emoción vivida. Sus palabras al viento se hicieron agua que fue vertida al mar en lágrimas.
Una vez vaciados los pensamientos para no volver a ser evocados, hubó cabida a cosas nuevas. A los días que precedieron, Luna buscó concentrarse en su silencio interno, y esperó, y esperó esa sensación de libertad que sólo llega en la ausencia de aquellas memorias del pasado y en meditación profunda. A partir de ahora, era libre para comprender el mundo, su mundo y otros mundos y trazar los entramados.
En la medida que ocupó, desgastó y generó nueva energía, pudo apreciar muchas cosas en variadas perspectivas, ya no recordaba, ni imaginaba, ante sus ojos se desplegaban hilos de luna todos ellos interconectados, todos parte de una misma energía, una misma esencia en la busqueda y lucha de su propio ¨yo¨.

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