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La Coctelera

Esta es la primera de tus cartas sin remitente.

Paseaba tu sombra por mi habitación, inquieta, jugaba con el reflejo de sus negros en el espejo. Intento dormir, cuando abro los ojos, le señalo la ventana y le incitó a salir.

Es madrugada, la siento y observo en su regreso cierto abatimiento. Al intuir su tristeza entonces sin más remedio, ambas llenamos con lágrimas la habitación. El agua aumenta su nivel, casi ambas nos ahogamos, por eso decidimos parar de llorar. "Basta de seguir mojando las ganas" -asentimos las dos.

Te pregunto: ¿Acaso soy yo culpable de que tu optes por el abandono, y ella encuentre casa en mis espacios? Por eso escribo, y a petición de la sombra te aclaro, mira que también ella es mía y no sólo tuya.

Vamos, también ella me incita, "¡Cuéntale de cómo se partio en dos la esperanza! ¡Vamos!" -me tira y sopla un suspiro. La tinta se desparrama, y mancha la sabana trazando la impresion de dos cuerpos. El mío y el de tu sombra.

Regresa por tu sombra que me niega el derecho al olvido.

La Sombra Y Yo

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