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La Coctelera

Cuando regresé ayer a casa, la sombra se había encargado de hacer algunos cambios en mi habitación, además de perder una de mis tarjetas de memoria. Si eran pocas las imagenes , ahora no quedan. Trasfiguró números, signos, significantes y otros. Revolvío entre los cuadernos y al sólo encontrar un poquito de arena y polvo de lo que fuera su mundo, terminó lamentándose conmigo por no haber acumulado más en el brevario.

Qué desastre de sombra, sólo falta que termine trazando con tiza mi incertidumbre. A cambio de que me diera un instante de paz, tranze regalarle los sietes de tú número, así, si ella quería podría llamarte, cada vez que le vieniera en gana, me insultó al no entender, y yo por mi parte, enojada, borre para siempre tu número . Así pues remane como único medio la lectura que hagas de nuestras cartas. Nos miramos, nos retamos y ante la presión termine sometida y corrompida.

Consideremos el acto , como uno desesperado. Por otro lado mi cooperación puede ser apreciada como un genuino esfuerzo para encontrar una solución creativa que satisfaga a ambos.

Hoy de mañana, acostumbrada a su presencia me pareció extraña su ausencia. No había cantado libertad y víctoria cuando apareció acompañada. En vez de reaccionar, dí media vuelta. No estoy con el ánimo ni las fuerzas. Bien decía el poeta, que había venido a dormirse en mi vientre una mariposa de sombra, no sea otro el producto de la soledad de donde estás ausente.

Pensandote y esperando las letras,

La Sombra Y Yo.

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