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La Coctelera

-Cuando le conociste?, pregunto la niña. 

Las fechas no son importantes,  solo sé que basto una mirada y una sonrisa. La primera nota reveló al azar que su corazón albergaba grandes esperanzas, a pesar de que ninguna de ellas se había cumplido. También por desgracia sabía por experiencia que eso le mataba y arrastraba su carga un lustro de descepción.

-Me gustaría conocerlo mejor y ser su amiga. De verdad, mamá. Tomarle de la mano, susurrarle despacito, enseñarle a ser malabarista en la cuerda floja, como cuando no me caigo del columpio, como cuando toco las estrellas y siguen mis ojos  a la luna. Me da la impresión que no tiene muchos amigos y no confía demasiado, pero eso está bien,  estoy segura que tambien él le habla a la Luna y tiene un ruiseñor que sopla y canta las notas cuando las olvida. Eolia me tendió la mano, y no la retiró hasta que la estreche.

-Se puede?  Los ojos de Eolia brillaron y la vi desaparecer escaleras arriba. Entonces me di cuenta que en toda la conversación no la vi pestañear.  Yo también deseaba verle esta noche, lo extrañaba tanto. Lo suficiente como para perder  concentración y  encontrar intención en mi nota.

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