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La Coctelera

¿Por qué solo describe aspectos de la cosas y nunca cuenta toda la historia?, me reprocho Eolia entonando suave melodia,  mientras en torpe postura montaba un piecito sobre el otro y se alzaba de punta para empinarse en la ventana a  mirar el jardín donde la más efimera fluctuacion del tiempo atmosferico o de  luz podía ser todo un acontecimiento para ella.  Las  notas apenas imperceptibles de un -sol-mi-la- provocaron deliberadamente mi curiosidad cuando decidí, yo, también, asomarme por el óculo de ese muro desgastado. Suspire junto a mi niña, que ya perdida  vivia en sintonía con su inconciente atrapada en un red de sucesos soñados que se debordaban sobre la realidad como aquellas pinturas que a mi fabricador tanto le gustaba evocar cuando ya marcadas en su templo, se convertian en lait motifs de cuentos misteriosos de hechos imagenes  a los que Eolia adquirió la extraña costumbre de recapitular en su cuaderno de notas. Para ella,  todos ellos se convertian en constelaciones de incidentes separados pero relacionados, unicos y episodicos concebidos dentro de una totalidad que en las tardes de viento reconfiguraba a su antojo.

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