La noche comenzo con la Gioconda...y asi yo la senti afin. En el jardin interior vi los fantasmas de mis muertos y una lagrima resbalo al ver mi sombra que platicaba sonriente con un extraño. Sin efecto y sin rastro. Ahi, donde las sombras son, heche cerrojo a las puertas mientras a mi oido llegaba el susurro del poema.
Hoy fue un día en que nada amable sucedió.
No hubo incendios de mi piel al lado de la tuya,
sino más bien la inquietante sensación
de que en la vida que juntos transcurrimos
uno de los dos era agua
y el otro, tenaz y denso aceite.
En tiempos como éstos
las palabras abundan y cruzan de mi lado a tu lado
sin efecto y sin rastro.
De lo dicho sólo permanece el chasquido de las vocales
y las consonantes,
el sonido del lâtigo inútil,
el aire a fieras sueltas e indomables.
Múltiples argumentos
van y vienen sobre el pasillo oscuro
donde alguien cerró todas las puertas.

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