Hoy noche serena, dispusimos los tambores, e iniciamos el rito entre murmullos y extravaganzas, y  algo desafinadas comenzamos a tocar,  y a reir, y a bromear, curiosamente, sin producir una melodia consona. Era marejada de ruido y sonido, como las vivencias rotas y aconsonas que deseabamos narrar a la luna.  Entonces el brillo y afa luminoso cubrieron nuestras cabezas y por un momento calladas contemplamos cielo, luna y estrellas. Al volver a casa siguiendo las semillitas de pan, pensaba en la costura rota de mis cuatro puntos,  cómo trazar de nuevo el camino, pregunte a la luna. Llore como niña extraviada.