Estabamos en el balcón, soplando burbujas que el viento inflaba como los sueños, delante la catedral, y un cielo azul contempló las nubes, y dos reían contemplando la vida y enfilando en la mezcla, el ojo del paso viento, para soplar, soplar y elevar los sueños a lugares tan altos, para despues explotar. Eran hermosas , danzarinas, iridiscentes y tensoactivas, como la magia del momento. Estabilidad momentanea, donde todo se juega y nada se espera. Contenedores fragiles, ausentes de aristas, donde las palabras se esconden y los silencios tienen cabida . Son burbujas que se elevan, se pierden, se pierden, se pierden integrandose, juntandose, rejuntandose y cautivando los sentidos ya perdidos que vuelan columpiandose y haciendo afrenta al soplo de un viento caprichoso.
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