A alejandro...

El habla sobre hacer el camino de Santiago, varias veces entre platicas y otros lo menciona. Cuando le mira a los ojos, suspira, anhela e imagina. Ella discurre en su cabeza entramando los tiempos y entre ocurrencias y a sabiendas de ganar indulgencias, según aprendió de niña y con esa fascinación a los ritos, ella le invita a visitar 7 templos, con el deseo idea/forma de (re)vivir esa tradición interiorizada, objetivizada y exteriorizada hace ya un poquito mas de 7 siglos.

Aquí, ahora y en el Caribe. Ella le exhorta a trazar la ruta, y de paso, también aprovecha y desempolva la memoria. Recuerda el rito/cosumbre aprendido de las siete estaciones romanas o visita a las 7 casas tantos años atrás. Dibujo, trazo y memento de  aquel pueblito bicicletero empedrado donde la religión era sinonimo de opio y la fé se tranformaba en esperanza.