Hagamos una protesta de desnudos, caminemos  a lo largo del parque encueraditos exhibiendo nuestras carnes y otros invitaste. Entonces comenzaste a proyectar en mi imaginación a un grupo  variado de nudistas y un nudo se me hizo en la garganta.   Paso el mes,  el  día,  y la idea se perdio, pero hoy me engatuzo y sonreí ante tus ocurrencias. Enamorada del supuesto ingenuo e inocente pense en el (sub)texto, texto de mi (con)texto y de aquella protesta sin maldad. Desnudar la ingenuidad. Desnudar los sentimientos. Desnudar la soberbia. Despojarnos de la capita que nos proteje pero que tambien  esconde nuestros miedos cuando en verdad necesitamos exponernos a los riesgos. Por que de vez en cuando y de cuando en vez, necesitamos desnudar el alma, para darle vida a aquella primavera. Necesitamos exponernos a la destrucción del viento para aprender a discernir aquello que es inhumano y puede destruir las ilusiones. Desnudar, desnudarme, desnudarte, desnudarnos ante la grandeza de toda experiencia que permite romper los candados del cuerpo cuyas vestimentas solo aveces enajulan la esencia sin permitirnos navegar por las delicias de la transparencia. Desnudar para compartir los anhelos, los miedos, las frustraciones y sobre todo aceptarte, aceptarme, aceptarnos así al desnudo. Desnudar las ideas como impulso que brota del corazón y de la incomprensión del no haberte apoyado y haberte dado un  sí activo desnudo de caprichos, precisamente, aquel día,  de una fecha y tiempo ya extraviado.