A la niña viento le encanta mirar el cielo y comer con la mirada algodones de azúcar blanca que el viento empuja. Cuando encaranublado el glasto salpica los lienzos y abierto el libro de los cuentos, ella caza sus notas. Vibran las notas, revueltas la hojas, las nubes sofocan y Eolia grita: "Viento, viento, deja de agitar los piensos".

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