10 diciembre, 2011
A tí, mi mejor amigo, mi compañero y dolor de cabeza...
Abrazar con tus largas extremidades,
palpitar al galope de un corazón que se enreda,
saltar las barreras de los piensos y las contradicciones.
Regalar una mirada cuando cofundidos
no sabemos ya si avanzar o retroceder.
Saber que estas presente aunque ausente,
en mis días, en mis horas que te lloran.
Abrir nuestro libro.
Rescatar mementos.
Construir experiencias.
Intercambiar incertidumbres.
Sonreir delante del espejo,
y aunque aveces hagamos batalla
de nuestras voluntades y deseos yuxtapuestos
siempre en la orilla de la comprensión
el encuentro misterioso de la comunión.

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